martes, 22 de junio de 2010

Ser como río que fluye...


… Dejarse impregnar por la frescura del agua entre los dedos… y sentirla en el mismo momento que pasa. Y saber que está en constante movimiento, y pasa… y forma parte del torrente de la vida. Decía Heráclito que “nadie se baña dos veces en el mismo rio”. Y tiene razón. De hecho, si alguien se baña dos veces, es seguro que la persona no es la misma que se bañó la anterior vez. A veces la vida me recuerda a un río. Pasa, y no espera a nadie. O nadas en contra de la dirección de la corriente, o te diriges con el mismo rumbo que el resto de peces. Tanto una como otra, tiene su consecuencia.

Pero como en todo, siempre hay más opciones. Hace un tiempo que he decidido no bañarme en el río. Me he sentado en la piedra más cercana a la orilla dejando que se filtre el agua entre las yemas de mis dedos. Y observo la corriente pasar. ¡La cantidad de situaciones que puedo ver desde este punto de vista! Es una sensación tan placentera que me gustaría estar siempre así, sintiendo ese frescor en continuo movimiento… que fluye. Sin embargo, la vida se escapa como agua entre los dedos. El momento se diluye y se hace difícil almacenarlo entre las manos. Y pongo en duda si quisiera encerrarlos entre mis dedos, pues el agua cristalina y fresca, pasaría a ser agua estancada. Y todos sabemos lo que ocurre cuando paramos el fluir natural de las cosas. Entonces, siento una especie de nostalgia y echo de menos tener el impulso de tirarme de cabeza y disfrutar de ese fluir en primera persona, como el resto de los navegantes. No sé si me apetece mojarme. Podría resfriarme. Podría darme con una piedra porque no sé tirarme de cabeza. Nunca aprendí y ahora me da miedo. O podría tirarme en el momento menos adecuado, e interponerme en el curso natural del trayecto de alguien. Y los que me conocéis, sabéis que no sé nadar muy bien. Y podría ahogarme, y... y... Vaya… ¡esto no es propio de mi! :)

¿Cuándo es momento de ir tras el agua? O… ¿Realmente es necesario ir tras el agua? A veces los momentos se escapan para ser perseguidos y dar movimiento a tu vida. Para dar un sentido y un para qué. Otras, pasan delante de tus ojos como un regalo que desfila, con el fin de enseñarte algo, sin necesidad de perseguir el aprendizaje.

Siempre nos quedará coger el timón de nuestro barquito. Con remos, por favor. Me gusta pensar que el barquito son esos pensamientos más racionales… los convencionales que van a favor del torrente. Lo socialmente esperable, esperado o aceptado. ¿Qué haríamos pues sin remos, que nos apoyaran a canalizar la parte emocional que nos caracteriza, la que mueve la dirección de nuestro barquito? Los remos, pueden ser más largos, más cortos y ser del material que cada uno haya decido construir a lo largo de los años. Con ellos, vamos a poder darle un rumbo a nuestro barquito. Habrá piedras. Unas más grandes que otras. Y probablemente, se interpongan en nuestro camino. La habilidad para sortear obstáculos estará en el manejo de los remos. Por ello, en este caso, no por tener remos más grandes vamos a ser mejor navegantes. La longitud y grosor están en la capacidad de toma de conciencia del que las maneja. De este modo, sabrá cómo moverla o adaptarla a cada piedra, a cada corriente inesperada o a cualquier tormenta que cambie el rumbo.

Y estará bien perderse. A veces no somos consientes de que en muchas piedras, están los descubrimientos. Esos cambios de dirección inesperados nos pueden llevar a afluentes más cristalinos, que a pesar de percibirlos como oscuros, en el fondo… reflejan estrellas. Y un día, de repente, hay luna llena que ofrece un brillo especial entre la oscuridad de la noche. Y con suerte, se hace la calma y te asomas al río. Y ahí estás tú. Mi navegante preferida.

… y un buen día, HOY, decidí construirme un “barquito chiquitito” y ponerle velas en forma de alas. Y desde aquí, mojar mis pies, a mi ritmo. Igual lo conveniente es meterse en el agua de manera progresiva, y con paciencia, bañarse. Y ahora hago uso de los preciosos remos que elaboré de manera constante y sacrificada que han permanecido a mi lado para salvar los temporales. Y, aunque pasé años a la deriva, todas esas corrientes que alteraron el rumbo que creía que era el más acertado, me llevaron hasta donde me encuentro ahora. Y aunque hoy parece que está oscuro, he aprendido que todo aparece para algo. Así que me puse a contar las estrellas que se reflejaban en mi noche y a jugar al tres en raya en el agua… aunque siempre quedo en tablas con tu recuerdo. Sin embargo, cada noche, juego a colocar estrellas y mi oscuridad se hace más bonita. A veces, hasta intento atrapar esas estrellas que, fugaces, atraviesan mi cielo. Y así guardarlas en mi cajita de deseos. Poco a poco, conseguiré que mi Universo tome forma. La que YO decida. Y entonces, le pondré una Estrella Polar que marque el norte. Salpicaré de vez en cuando el cielo de estrellas fugaces para cerrar fuertemente los ojos y pedirte. Y una luna llena que me provea de luz esas noches en que me tumbo en mi barquito y dejo que el vaivén del agua meza los rasguños del día y calle el ruido.

“Si no ves más allá del horizonte, estaremos perdidos.”

Vivir la vida y aceptar el reto.
Porque cada día es un comienzo nuevo.
Porque esta es la hora y el mejor momento.

7 comentarios:

KATREyuk dijo...

Maravilloso, refrescante...
A veces sacamos los pies del rio, y el agua que dejamos atrás volverá a nosotros más tarde, en vaso o piscina... Pero la vida fluye, y tan maravilloso es sumergir los pies, como contemplar su movimiento.
La primera vez que te vi supe que tenias lo que los cristianos llaman "gracia", un halo que diría Beyonce... luego supe que además tenías gracia de la otra, un gran corazón, y más virtudes de las que podría enumerar sin gastar la pantalla del móvil.
Si existe Dios, el karma, la energia, el destino... haya lo que haya, el mundo saldará las deudas que tiene contigo, y te mostrará la plenitud que ansias y la felicidad que mereces.
No tengo la menor duda...
I feel it ;-)

Anónimo dijo...

"Dicen los budistas que nuestra vida es un río, que navegamos en una balsa hacia el destino final. El río tiene su corriente, velocidad, escollos, pozas y otros obstáculos que no podemos controlar, pero contamos con un remo para dirigir la embarcación sobre el agua. De nuestra destreza depende la calidad del viaje, pero el curso no puede cambiarse..."
("La suma de los días", Isabel Allende).
No hay que abandonarme a la corriente.
Con un solo remo, o con el mismo roto,
o con las manos si hace falta, hay que seguir remando.
y si no ya sabes....fuuuushhhhhhhhhhhhh que el poder del soplo es poderoso, curativo, e infinito...
seguiremos remando juntas;)..tq!

Anónimo dijo...

(...)Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero!!

^ i R i S ^ dijo...

KATERyuk, cada día más acertado en tus palabras. Que el Universo te escuche. ¡DILO MÁS ALTOOOO! ;)

Mela dijo...

Pues como a pasito de caracol ... he llegado por aquí ... y no veas lo contenta que estoy! Te seguiré! Muacc

^ i R i S ^ dijo...

¡Muchas gracias Mela! Un placer tenerte por aquí... Puedes quitarte los zapatos y ponerte cómoda. Como en casa ;)Muacks!

Anónimo dijo...

Te he entendido de una manera en que me ha quedado más claro que el agua. He leído tus líneas como un sueño hermoso en una noche fresca y plagada de estrellas y tus palabras han sido como el canto del río que me arrulla mientras estoy soñando. Gracias y que tengas mucho suerte en tu navegar.