sábado, 4 de agosto de 2007

Allá donde se cruzan mis caminos...

La vida no es más que un viaje por tren: repleto de embarques y desembarques, salpicado
de accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y profundas tristezas en otros.
Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con algunas personas las cuales creemos que siempre estarán con nosotros en este viaje: nuestros padres.
Lamentablemente la verdad es otra. Ellos se bajarán en alguna estación dejándonos huérfanos
de su cariño, amistad y su compañía irreemplazable. No obstante esto no impide que se suban otras personas que serán muy especiales para nosotros. De las personas que toman este tren, habrá también los que lo hagan como un simple paseo. Otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje… Y habrá otros que, circulando por el tren, estarán siempre listos en ayudar a quien lo necesite. Muchos al bajar, dejan una añoranza permanente… Otros pasan tan desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon el asiento. Es curioso constatar que algunos pasajeros, quienes nos son más queridos, se acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto, se nos obliga hacer el trayecto separados de ellos. Desde luego,
no se nos impide que durante el viaje, recorramos con dificultad nuestro vagón y lleguemos a ellos... Pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el asiento. No importa; el viaje se hace de este modo: lleno de desafíos, sueños, fantasías, esperas y despedidas... pero jamás regresos. Entonces, hagamos este viaje de la mejor manera posible. Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno,
lo mejor de ellos. Recordemos siempre que en algún momento del trayecto, ellos podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlos… Ya que nosotros también muchas veces titubearemos, y habrá alguien que nos comprenda. El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos, mucho menos dónde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera el que está sentado en el asiento de al lado. Me quedo pensando si cuando baje del tren, sentiré nostalgia...
Creo que sí.
Separarme de algunos amigos de los que hice en el viaje será doloroso. Pero me aferro a la esperanza de que, en algún momento, llegaré a la estación principal y tendré la gran emoción de verlos llegar con un equipaje que no tenían cuando embarcaron. Lo que me hará feliz, será pensar que colaboré con que el equipaje creciera y se hiciera valioso.
Habrá merecido la pena viajar...
Donde quiera que sea la estación de llegada...
allí estaré con los bolsillos llenos de buenos recuerdos...
y una sonrisa en la mano para ofrecerte.
Nos vemos al final del camino...
o, con suerte, cuando nuestros caminos se crucen algún día...
...en alguna vía, en alguna estación...
...o quizá podamos hacerle trampas al destino
y realizar trasbordo en algún momento del viaje...

A tí, que eres parte de mi tren, te deseo un...
¡¡¡Feliz viaje!!!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay trenes que no acaban de llegar
y trenes como el tiempo
que nunca se detienen.

Hay trenes que son dudas
y trenes que no existen y tomamos.
Trenes entre paréntesis,
guardagujas en medio del desierto.

Hay trenes inventados por la espera
y trenes que atraviesan, vacíos y atrevidos,
los desiertos que somos, piel adentro.
Cómo ángeles enfermos
gimen su sed los huesos deseando
el agua mineral del horizonte.

Hay trenes blancos como el luto chino,
como el insomnio, música de huellas.
Esqueletos de tren, radiografías
de infancias felizmente fallecidas.

Hay trenes que chirrían en los huesos
y trenes que transparentes que atraviesan
el cielo como el tiempo, como aves
que nunca anidan, nunca se detienen.(no te detengas..1besito)

Juan Vicente Piqueras

R. dijo...

Hay trenes que nos hablan de historias encontradas.
Hay trenes portadores de noticias e imagenes.
Hay trenes que nos invitan a subir...
Lo importante es que esos trenes nos acerquen a las personas que mas nos importan...tq!

Sergio dijo...

Mi querida señorita:

Permítame que me presente. Yo también viajo en el tren y, aunque no compartamos vagón o asiento, quiero que sepa que sentiré nostalgia por la viajera que, por un breve instante, tuvo a bien el dedicarme una amable sonrisa al pasar a su lado. No sé cual será su parada, y aún menos donde queda la mía, pero prometo dedicarle la mejor de mis sonrisas cuando, a usted o a mí, cargados cada uno con nuestra maleta, nos toque bajarnos del tren.

Atentamente,

Un viajero y, desde hoy, un profundo admirador suyo.