domingo, 5 de agosto de 2007

Una de esas tardes de domingo...

"Hola guapita.
¿Cómo estás? Yo, probando, si, probando, si,un-dos-tres, probando...Probando este wiffi que inauguro ahora mismo. La verdad es que recelaba de esto, de esta palabra que es más como un balbuceo infantil, una tontería de niños pequeños, pero que ofrece tantas posibilidades...Por ejemplo la posibilidad de contarte que estoy bien,que tengo calor, que ayer estuve con mis primas en el campo de mi tía, bañándonos y riéndonos. Y hoy estamos aquí, excepcionalmente solos, mi padre y yo, pues mi madre se ha ido a pasar unos días a la playa. Y yo, pues aquí de notario de todo lo que pasa, sin novedades, o fabricándomelas yo. Dijo Voltaire, el filósofo francés, que hay que ser "como el quijote, que se inventaba pasiones para ejercitarse". Pues eso es lo que hago yo. Las modestas cosquillas que le da a uno todo lo que hay de pequeño y constante de la vida... reirme con mis primas, hacer un poco de bufón indisciplinado en la familia... El café primero del domingo, siempre, yo solo,temprano, en un bar, con el periodico recién comprado... el pan recién hecho oliendo tras las paredes... la camarera ecuatoriana que me atiende desganada, presa del sueño o de la nostalgia del chamaquito al que no verá desde hace meses... "ya viene el pesado del periódico de los domingos a pedirme el café" -dirá ella-, y yo secretamente, anotándola en mi agenda de pasiones voltairianas, sin que ella lo adivine ni por asomo... O los pies de mi madre, que muchas noches acaricio con un poco de crema, sin ganas, pero sabiendo que a ella eso le beneficia más que el más potente de los antidepresivos, o la conversación animosa con mi hermano sobre los goles que el athleti estará a punto de meter- pero que no meterá - el 25 de agosto, cuando comience la liga y perdamos, como siempre, en el Bernabéu...
Luego está también el ordenador, ese rasgueo sordo, ratonil, de mis manos sobre un teclado como de piano anémico, senil y averiado, que no da música, sino trabajo... La guitarra, un poco desplazada y celosa este fin de semana por tanto encuentro...
...y el deporte. Ayer fui a dar mi carrera diaria -que ya no es paseo-, en el campo, a esa hora en que el mundo parece flotar sobre sí mismo, cuando el cielo monta una capota naranja que parece estallar (aunque luego todo se queda en una noche estrellada más), con el calor agobiante de agosto redoblado por la humedad que aportaba el maizal y la tomatera, con el ronroneo de la cigarra perezosa, y con mi jadeo acompasado sobre el camino empedrado (mientras que mis zapatones provocaban involuntariamente alguna que otra tragedia en el mundo de las hormigas)......... fui feliz. Nos vemos."
JARC

3 comentarios:

;) dijo...

Me detengo en la parada número siete del pequeño mundo de mis sueños. Me detengo al verte, sentado en una nube, observando el horizonte borroso, de cascadas de aguas salvajes y cielos anaranjados. ...;)

Anónimo dijo...

"Las ciudades invisibles" están dentro de cada uno de nosotros. Tu eres una ciudad que crece, no hay muros que puedan contenerte si el precio de la protección es no cambiar bajo su sombra y condenarse a ser ruina. Llega un momento en que la vida te desborda, derriba murallas y en su lugar se abren bulevares. Llena ese espacio de árboles, disfruta del paseo y las nuevas perspectivas, entiende que por ahora es la línea de contacto con tu ciudad vieja, rejuvenecida con nuevos aires y todo un potencial de luz. Tu ciudad, vital y segura, ya no necesita defensas precisamente por ser libre para seguir creciendo.....(ahora toca recuperar el adjetivo constante o regular..No "montañita rusa";)besitos!!

Anónimo dijo...

Mi abuela tenía una teoría muy interesante;

decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos... necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela.
En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa.
Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma.
Ese fuego, en resumen, es su alimento.
Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca."
Laura Esquivel(Como agua para chocolate)besitos!