jueves, 23 de septiembre de 2010

Cosas que nunca te dije: FELICIDAD.

"¡En la tienda no tienen el helado que me gusta...! Cuando somos felices no nos damos cuenta. Y eso también es injusto. Deberíamos vivir la felicidad intensamente y tendríamos que poderla guardar para que en los momentos en que nos haga falta, pudiéramos coger un poco, del mismo modo que guardamos cereales en la despensa o recambios de papel higiénico por si se acaba, ¿entiende?"
"Cosas que nunca te dije."

Me encanta esta escena. Y el trasfondo que tiene.
"Cuando somos felices no nos damos cuenta", comenta.
Me parece tan real esta frase, que si me paro a pensarla me da miedo. ¿Y si alguna vez he sido feliz y no me he dado cuenta por estar pendiente de otras cosas? Uhhh... ¡qué insensata y temeraria!. No sé cómo nos levantamos cada mañana sin saber qué nos hace felices. ¿O sí lo sabemos y no nos atrevemos a conseguirlo? De un tiempo a esta parte me pregunto si lo que nos da miedo es realmente el fracaso... o el éxito. Qué incertidumbre.
Que si. Que la vida es un vaivén de altos y bajos. Sin embargo, todo es cuestión de la capacidad de decisión que tengamos para afrontarlo. Cuando las cosas no van bien, es fácil culpar a todo lo que nos rodea. "Es que Fulanito me hizo...", "Es que Menganita me dijo...", "Es que...". Vaaaaamos... ¿Realmente sirve de algo? No podemos cambiar a los demás, pero si está en nuestra mano el timón de nuestras propias decisiones. Antes de culpar a alguien, mírate. ¿Qué has hecho TÚ para mejorar esa situación? (Cuesta, eh...?)

La verdad es que nunca me he sentado conscientemente a pensar qué es -para mi- la felicidad... Sin embargo, me parece un término escurridizo, y fácilmente prostituído y prostituible. Hoy en día utilizamos la palabra "felicidad" para cualquier cosa. Manipulamos el término sin lavarnos con jabón las manos. Por tanto, prefiero reflexionar esos momentos en los que soy feliz, para no quedarme anclada en ideales. Me reconforta saber que éste solo es el principio de una larga lista de momentos felices.  Hoy he comenzado a hacer el albarán de los momentos que tengo en la despensa de mis pequeñas alegrías. Habrá que seguir tomando conciencia de ellas para saborearlas al máximo y "mantener la calma en el fragor de la tormenta" :)


¿Tú cuándo eres feliz?

Soy feliz cuando me busco, me observo y me encuentro... y me acepto.
Cuando aprendo a disfrutar del "aquí y ahora". Cuando me empeño en buscar la lectura positiva de las situaciones. Cuando lo consigo. Cuando lo consigues. Cuando  éso se contagia sin darte cuenta.

Soy feliz cuando me cuido, me quiero y me respeto. Cuando bailo como si nadie me mirase. Cuando soy divertida y robo sonrisas sin proponérmelo. Cuando conduzco con la música alta para no escucharme cantar, y así creerme que lo hago bien. Cuando ando descalza y me riñes.  Cuando escucho y me siento escuchada. Cuando él me dedica canciones que hablan de amor. Cuando ella me descubre la esencia de las pequeñas cosas. Cuando nos contamos nuestra vida con la excusa de tomar algo. Cuando compro zapatos nuevos y los tengo que estrenar urgentemente. Cuando mamá me da sus abrazos "peculiares" y termina todos sus mails con un "te quiero". Cuando abro mi bandeja de entrada y te leo. Cuando veo atardecer.  Cuando respiro en la playa. Cuando alguien se acuerda de mi, y me lo hace saber. Cuando yo hago lo mismo. Cuando me descubro pensándote en lo cotidiano. Cuando mi rutina es veros sonreir. Cuando me paso las noches colgada al teléfono, aunque solo sea una excusa para colgarme de tu risa. Cuando me siento comprendida. Cuando hago fotografías y escribo frases dedicadas. Cuando soplo mi pompero e inundo mi habitación de pompas de jabón. Cuando observo a las personas con curiosidad y sonrío. Cuando soy un manojo de inquietudes y me pierdo entre libros. Cuando viajo (contigo). Cuando desordenamos y ordenamos juntas, y nos reímos de nuestras tonterías en el despacho. Cuando me paso la tarde probando-(nos) gafas extravagantes frente al espejo de la óptica. Cuando mi ropa huele a ti. Cuando (os) comparto. Cuando apoyo a reparar alas rotas mientras despeino emociones. Cuando retoco ilusiones poniéndolas en tierra firme. Cuando, otras veces, le suelto el pelo a mis sueños para que vuelen un ratito. Cuando, a todo, le pongo mi toque personal.

Soy feliz cuando me permito estar triste. Cuando entiendo que la vida no es de color de rosa.  A pesar de que sea el color que me defina. Cuando reacciono. Cuando me doy cuenta que, como mínimo, siempre hay dos maneras de interpretar y hacer las cosas. Cuando elijo y decido conscientemente. Cuando decido no cambiar. Cuando lo hago. Cuando cojo el toro por los cuernos. Cuando no me ando por las ramas o, por el contrario, me quedo un rato "en la parra". Cuando priorizo mis necesidades a mis apetencias. Cuando lo hago a la inversa a pesar de saber que no es el orden correcto.

Soy feliz incluso cuando las cosas no van como espero. Porque ahi también esta la clave. Porque las cosas no siempre son sencillas.  Porque la vida no me lo puso fácil. Porque en esos momentos es cuando realmente aprendo. Porque hasta que no caigo, no sabía a cuánta altura estaba del suelo. Porque cuando estoy en el fondo, todo lo que queda es subir... (¡Riiishhhh!) Porque cuando miro hacia atrás, veo todo lo que he recorrido y valoro cuánto me costó subir. Y sonrío. Y me siento orgullosa. Y pa'lante... sin depeinarse. ¡JA!

Soy feliz... cuando quiero. Del verbo querer y con consentimiento informado a mí misma. Cuando decido serlo y no permito que pequeños contratiempos transitorios alteren, como dice el vídeo,  mis botecitos de cereales que guardo con tanto esmero en la despensa.

Soy feliz cuando (me/te/os) quiero.

Unos, me lo llaman "flower power". Otros, "utopía". Yo lo llamo "filosofía de vida"...
...porque sé que si se quiere, se encuentra la manera.

...porque al fin y al cabo, la actitud es lo que cuenta. Y la felicidad es un derecho universal. ¿Vas a privarte de ella? ;)



viernes, 17 de septiembre de 2010

Lo que das, te lo das. Lo que no das, te lo quitas.

Con esa frase adornaba Justo su catedral (¿La recordáis?). Construída con tesón, esfuerzo y oídos sordos, es de esos edificios donde respirar su silencio es un regalo para todos los sentidos. Le tacharon de loco, y aún así, continuó caminando hacia su sueño. Su sorpresa fue cuando, a lo largo ese camino, encontró a personas aparentemente "cuerdas" dispuestas a apoyar su "locura". Y así hizo. Y plasmó su filosofía de vida en las paredes. Y yo, se la tomé prestada desde aquel día que le conocí. Jamás olvidaré nuestra conversación en la cual consiguió contagiarme esa actitud salpicada de altruismo. Me transladó la esencia de su frase: dar-te y recibir-te. Son muchas las veces en las que nos movemos por el principio de reciprocidad: tú me das, yo te doy. Sin embargo, no siempre es así. No siempre que damos, recibimos... lo que esperamos recibir. Expectativas. Y ésto conlleva desilusiones, fracasos y decepciones.
Tuve que leer más de dos veces la frase para captar su esencia. "Lo que das, te o das. Lo que no das, te lo quitas" ¡AHÁ! ¿Tú para qué das? Teniendo en cuenta que con el gesto de dar, obtengo un beneficio para mi-conmigo, no se hace necesario esperar de lo demás para sentirme bien. Porque si así lo hago, estoy segura que en la mayoría de los casos, no voy a obtener exactamente lo que quiero para poder decir: me siento "pagada" por ti. Y así, quien no se sentirá bien, seré yo. Y... y... y así un largo etcétera.
¿Os dais cuenta del laberinto de palabras que nos generamos en la cabeza? Y la otra persona sin hacerse una idea... Cada vez que hablo de este tema visualizo a las personas pegando post-it en forma de expectativas, a diestro y siniestro. Sin pedir permiso. Parece nuestra moneda de cambio con los que nos rodean. ¿Lo visualizais? A mi me resulta cómico. Me imagino, por ejemplo, regalándo algo y a la vez poniendo en la frente una etiqueta de expectativa a la persona: "Me debes otro regalo".
Hace tiempo que permití dar(me) sin esperar una respuesta a cambio, y confiar en que de una manera u otra, si estás con los ojos bien abiertos, el Universo te termina devolviendo lo que has dado algún día. Quizá con otra forma, por parte de otra persona, o en el momento que menos lo esperes. Pero te lo da. Y confieso que a veces no he podido evitar colgar algún que otro "post-it" a alguien, esperando quizá que actuara como un amigo o amiga. Esperando un "¿Cómo estás?", un mensaje, un "Hola", una llamada, una sonrisa sin pensarla, un café, o quizá sentirme apoyada. Pero me di cuenta que mi concepto de todo aquello no es el mismo que el que tiene la persona que tengo enfrente. Y esperar que los demás actúen como yo quiero, es complicado. Asi que comencé actuando por mi. Porque la verdad es que no hay mucho que perder cuando se hacen las cosas de corazón y no dañan a nadie. Se gana. Y se establecen relaciones"Win-win": Tú ganas y yo gano viéndote ganar. Por tanto... ganamos :)

Y, a dia de hoy... me doy, dando. Y sino doy, siento que me quito.

Y sin darme cuenta... recibo. Recibo tanto...


Gracias a Rocío y Lucy:
por haberos dado en la distancia cercana que nos une.
Siento que este post no existiría sin vosotras...
Cada día, dáis consistencia al título de esta entrada.
A mis días. A mi :)



"El regalo más grande"

domingo, 5 de septiembre de 2010

Ortografía de la vida.

"A ti no te hace falta corona para hacerte destacar. El resplandor de tus ojos es mucho mayor que el de los brillantes de ésta. No te hacen falta tacones para hacer sonar tus pasos, sabes perfectamente que dejas huella por donde pasas. Tu mejor vestido precioso, no dejar de ser tu sonrisa permanente. Y tu mayor rasgo, la fortaleza y la fuerza que transmites. Ni los dragones y bestias del bosque pueden contigo. Ni podrán. Eres la mas fuerte y bonita. No es que conviertas a sapos en príncipes, es que con palabras conviertes el ánimo de las personas. No es que a las doce tengas que abandonar el baile porque alguien te espera, sino que a esa hora vas a estar siempre dispuesta a escucharme si necesito dejar de llorar con las estrellas.

Un final de dos. Tú y yo."


Posees el don de la magia. Tienes una cinta de raso lo suficientemente larga como para envolver los regalos más bonitos para la vista...y para el corazón.
Permíteme haber tachado una frase. A ver... es una licencia que me he tomado por todo lo que nos une (mi vida fue diferente desde aquellos churros con macarrones...), pero es que no me gustan los finales. Y si llevan tu nombre, mucho menos. Es que verás... soy de esa clase de persona que siempre se reserva palomitas para ver las tomas falsas y los créditos al terminar una película. ¿Entiendes?

Si algo sabes manejar en tus "regalos-verbales-de-corazón", son los puntos. Dan dinamismo, seguridad y belleza a un texto. Utilízalos en la vida.
Hay muchos tipos de puntos, sobre todo si son de vista. Tantos como personas. Y con el paso del tiempo aprendo a tenerlos en cuenta. Pero a veces es complicado pararse a mirar otros mundos cuando no somos conscientes ni del nuestro propio. Tiempo al tiempo. Tiempo-a-tiempo. Tiempo. De todos modos, no he venido hoy a escribirte sobre este tipo de puntos. Hoy, no sé... Pensaba en la importancia de los puntos y seguido. La oportunidad perfecta para respirar, hacer una breve pausa y continuar. Además, entre frase y frase no tiene por qué haber nexo de unión aparentemente, así que tú eliges qué quieres escribir. Con total libertad. Aunque parezcan un tanto "altivos" en su uso, los punto y seguido son buena gente ;)
También hay puntos suspensivos... menos arriesgados que los anteriores, y más etéreos en su forma. Aquellos que parecen esperar una continuación tras una pausa. Pero, a veces, no llega esa continuidad. Y a través de esos puntos suspensivos tenemos que intuir la historia que viene a continuación. En otras ocasiones, es nuestro deber "seguir escribiendo", a pesar de ello. ¿Y sabes qué? Que a veces, también viene bien poner los puntos sobre las íes.
Como ya sabes, existen los dos puntos. Y estos, me encantan: toda una nueva frase por estrenar, la cual no olvida lo que le precede (su pasado) para que así no pierda sentido, pero que se escribe hacia delante (su futuro). Como la vida misma. Chulo esto, ¿eh?
El punto y coma; es el tímido intento de comenzar una nueva línea pero en este caso necesita enlazar su significado a la frase anterior, a su pasado. Y anclada a éste... no es capaz de reinventarse tanto como lo hacen los dos puntos. Estanca la oración, no da fluidez para disfrutar de otros signos de puntuación. (Están cayendo en desuso, no temas).
Quiero saltarme el punto y final. Porque ése solo existe y tiene cabida en otras historias individuales, personales y, evidentemente, necesarias. Pero no en la nuestra.
(Utiliza todos los puntos para escribir la historia desde Septiembre... Yo, confío en tí. SI NO PUEDES...PODRE-MOS)

Si no remas, ya remo yo por tí una parte de ese barco tan bonito que estás construyendo: tu vida. Porque tras miles de oleajes se ha hecho resistente. Tanto que le vendría bien una decoración: ¿Qué tal dibujarle una puerta de entrada? Sin olvidar, claro está, un compartimento oculto en proa. Pero en popa, una puerta entreabierta. ¡Mi capitana!, si quieres, solo en esos días de marejada alta, se me ocurre ponerle una contraseña. Ésa que solo unos pocos sabrán para poder entrar en el fragor de la tormenta. (Estaba pensando tantas relacionadas con tantos momentos que me he arrancado a reir xD)
Mañana, cuento con tu aire al soplar mis velas. Cuenta con mis otras velas para izarlas a tu barco.
Y soplar... soplar...
Y mi mano. Y la tuya. Como te prometí, no la suelto... solo tienes que mirar a tu lado.

Y ahora, con el colchón de todas las personas que te rodean, atrévete a enfrentarte a "deciblecios de envidia" y sé mi Ave Fénix preferido. Vuela. Despliega alas, levanta la cabeza y saca pecho. Y no olvides nunca abrir los ojos. (¿No querrás castigar al mundo privándolo de esa luz que tienen, no?)

Shine on, Lu&Cía.

sábado, 28 de agosto de 2010

Collage de mi viaje.


La respuesta a mi pregunta: "¿Y tú qué haces por tí misma?"
Diez noches. Once días. La recompensa de valorar-se. El placer de reencontrar-se. Reinventar-se. Disfrutar-se. Mimar-se. Querer-se.
Una amistad que florece. Escuchar y sentirse escuchada. Recorrer mapas con el rotulador rosa. Planear unas merecidas vacaciones. Momentos archivados en la retina del corazón. Instantes capturados con sabor a ti. Recuerdos almacenados en la memoria de mi vida. Mis pies recorriendo nuevos caminos. Nuevas direcciones. Energía mezclada con cansancio. No rendirse nunca. Querer siempre un poco más. Insaciables ganas de llenar los días de aventuras. Abrir los ojos al mundo. Dos locas corriendo por las calles de Roma. Por el metro. Por la terminal... por sus vidas. Como si el mundo se fuera a terminar mañana mismo. Dos niñas jugando a ser mayores con sus mejores virtudes. Sin miedo. Jugando a la amistad sin más norma que la de sonreir. Vivir mi presente. Inventar el guión "aquí y ahora". Sonreir a una ciudad que nos acoge enlazando casualidades y serendipias. Y "el Universo provee" cada uno de nuestros pasos sin brújula. Ningún momento vacío de recuerdo ni significado. Como una película en la que curiosamente sale todo bien. Y cuando salen los créditos te impregna una extraña sensación de escepticismo... y crees que solo ocurre en las películas americanas.
Actuar como protagonistas en nuestra propia película...italiana. En la versión más original.

Desayunos con "diamantes" en la terraza del sexto. Pizzas de cualquier ingrediente en cualquier punto de la ciudad. Helados hechos de carcajadas con guindas de sentido del humor que hacen que afloren mis tonterías. Mis canciones versionadas y bailadas. Nuestra lista de canciones. Cruzar esas peligrosas calles con los semáforos en rojo al estilo romano. Desafiar a la ley. Y en muchas ocasiones, a nuestra propia suerte vida. Las teorías de Patri que siempre son verdad. Porque si. Y punto. Ella y sus momentos únicos y genuinos. Sus sueños tan realistas y sus risas nocturnas sin que se diera cuenta. Su ilusión. Sus ganas. Su indecisión. Su sonrisa. Su dislexia. Todo lo contagia y resuena por las paredes de una habitación de hotel de la que emergen planes ocultos para construir nuevas sonrisas.

Bracciano. Su lago y sus cisnes. El Nuestro castillo de hadas. Subir cuestas al ritmo de la música. Complicidades espontáneas. Nettuno y sus playas (Y sus helados. Y sus charlas interminables). Tívoli y Villa Adriana. Viajar en el tiempo con los ojos abiertos. Hacer fotos como si estuviéramos solas. Mentiras piadosas. Miradas espanta-italianos (¬¬'). Cambio de identidad por una noche: Adriana y Daniella. Clases de italiano express a cambio de sonrisas. Bailar como si nadie nos mirara...aunque todo el mundo lo hiciera.
Vivir como si nada más importara.
Disfrutar como si no quedaran más días por compartir... aunque siempre inventábamos uno más.

El Coliseo. El Palatino (y nuestras siestas). El foro romano y la magia de transportarte a otra época. La boca de la verdad y mi mano. La Plaza Venecia. La columna Trajana. Las Termas de Caracalla y los momentos de paz en sus jardines. Plaza España, República, Navona, Popolo. Más y más plazas. Más y más iglesias que recordaban catedrales. El Vaticano y sus tesoros (y mis robados de la Capilla Sixtina). Campo de'Fiori y sus exquisitas macedonias. Castillo de St Angelo y sus fiestas nocturnas al lado del río. Trastevere y su mecadillo de antigüedades (y mi "nueva" adquisión: Canon-Canonet). Panteón y sus imponentes columnas. S. Giovanni. Quirinale. Vía del Corso.
La Basílica de San Pietro. Los 500 escalones a pie. Temer por nuestra propia vida en la claustrofobia de sus escaleras. Sin aliento.Ver la luz final... y regalarle a los ojos los primeros bostezos de Roma al amanecer.

Fontana di Trevi.  Por la mañana temprano. A media mañana. Por la tarde. Por la noche. De madrugada. Fotos y más fotos. Nuestro punto favorito. Una cajita especial con muchas monedas por lanzar para cada persona que me lo pidió (familia, pacientes, amigos, twitter). Mis mejores monedas para mis mayores deseos. Los vuestros. Los míos. Los nuestros. Sueños con alas que nadan en el agua con la esperanza de convertirse en realidades. En hechos. Un lugar mágico donde se respira ilusión, amor y alegría. Sentarse a mirar a la gente tomando granizada. Besos. Caricias. Deseos. Sonrisas. Abrazos. Complicidades. Cierro los ojos e imagino que yo soy ella. Y más fotos que huelen a vainilla. Y el eco de tu risa inocente resuena en un mensaje. Y luego Villa Borghese. Con sus parques infinitos. Verdes, envolventes y refrescantes. Paseos dorados al atardecer. Reinventar el concepto de echar(te) de menos.
Entender que para recibir amabilidad, la sonrisa es la mejor moneda de cambio en cualquier idioma. Comprender que cualquier recompensa a los sentidos conlleva un esfuerzo que se olvida en ese preciso instante en que visualizas lo que tanto has deseado. El tamaño del esfuerzo es proporcional al deseo. Y se para el tiempo: Puente Milvio. Un candado por cerrar. Un viaje pendiente. Fotos en blanco y negro con el corazón rojo. Paréntesis de una vida. Facturar sonrisas en mi equipaje. Cerrar ciclos y liberar-me del pasado. Abrir ventanas e inquietar-me con la incertidumbre de un futuro. Alimentar-me de mi presente. Regreso. Una Moleskine llena de recuerdos... y siento que me quedo corta con este texto. El primer viaje de muchos. Y todos los caminos llevan aRoma...

Gracias Patri: mi gran compañera para nuestro gran viaje.

Roma....amoR.

jueves, 29 de julio de 2010

La frase del día. De todos los días.

"Aquí tenéis. - saca unos vasos del otro bolsillo-. Disculpad que sean de plástico. En la vida no se puede tener de todo; sin embargo, es necesario aspirar a ello, porque la felicidad no es una meta, sino un estilo de vida."

Federico Moccia.




domingo, 25 de julio de 2010

De obstáculos y felicidad.

"Cuando se cansó de caminar, se apoyó contra un muro de ladrillo, que inesperadamente cedió a su espalda y se rompió en mil pedazos. Ariadna se levantó entre los restos de la brecha que había abierto en la pared, sin heridas ni magulladuras. Estaba tan sorprendida de hallarse al otro lado que tardó un rato en darse cuenta de que el explorado con el cazamariposas estaba a su espalda y la observaba con una sonrisa en los labios.

- Ésa ha sido una buena lección - dijo.
- ¿Qué lección? - preguntó ella irritada.
- Este viejo muro te ha enseñado algo muy importante para llegar al centro del Laberinto. La mayoría de obstáculos que encontramos en nuestro camino a la felicidad son imaginarios. Los creamos nosotros; es decir, son nuestros miedos.
- ¡Pero yo no he creado este muro! - protestó Ariadna.
- Éste no, pero sí otros - remarcó el explorador -. De otra manera no estarías aquí. Y ¿sabes por qué las personas nos creamos nuestros propios obstáculos? Yo te lo diré: porque nos da miedo llegar a los lugares que hemos soñado.
- ¿De verdad lo cree?
- ¡No lo dudes! Cumplir un sueño siempre da miedo, porque estamos acostumbrados a lidiar con las dificultades, pero no a recibir regalos de la vida. Por eso a menudo nos boicoteamos poniendo muros entre nosotros y lo que queremos conseguir.
- Parece razonable - dijo Ariadna, pensativa -. Por cierto, la otra vez me olvidé de preguntárselo: ¿Usted por qué está aquí? ¿En qué momento extravió el sentido de la vida?

El explorador se puso de cuclillas, fijó bien su monóculo y, apoyado en su mariposa, explicó con voz suave:
- Por qué estoy aquí no tiene importancia: lo único que cuenta es que busco la salida del Laberinto. Digamos que viajé muy lejos para encontrar algo que en realidad tenía muy cerca. ¿Lo entiendes?
- No del todo.
- Te lo explicaré con una historia que me contó un lama que conocí en un monasterio del Tíbet: Un hombre cumplió su sueño de viajar a la Luna, pero, durante el alunizaje, el cohete se averió sin remedio. Él siempre había deseado ir hasta allí, pero se encontró con que no podía regresar a la Tierra y le quedaba sólo oxígeno para tres días. En ese tiempo era imposible que pudieran mandarle otro cohete para recogerlo o traerle más oxígeno. El astronauta supo entonces, por primera vez en su vida, qué era exactamente lo que quería: volver a casa y estar en la Tierra para llevar allí una vida simple y feliz. ¡Tuvo que viajar hasta la Luna para valorar algo que tenía tan cerca!

Ariadna se quedó muy pensativa al oír esta historia, que el explorado concluyó así tras una pausa:
- Todos somos como este astronauta: vemos la felicidad en lo que está lejos, pero en realidad la tenemos mucho más cerca de lo que imaginamos.

Dicho esto, el explorador se fue campo través con su cazamariposas. Antes de que estuviera tan lejos que no pudieran oírse, Ariadna le gritó:
- ¿Y qué pasa con los obstáculos que no creamos nosotros, los que son reales?
- ¡A ésos yo no los llamo obstáculos, sino trampolines! ¡Sirven para ir a lugares a los que nunca habríamos llegado por nosotros mismos!"

El laberinto de la felicidad.

lunes, 19 de julio de 2010

... y soplar sobre las heridas.

Hoy, reflexionaba sobre las heridas. En concreto, sobre esas zancadillas del corazón a la vida. Y es que, queramos o no, forman parte de este camino. 

Todos tenemos heridas en lugares recónditos, como si de un mapa se tratase. Heridas superficiales, profundas, simples, infectadas, contusas, punzantes, cortantes, recién curadas...

... pueden tener muchas formas, lugares y causas. Lo que no difiere mucho unas de otras es el modo de sanarlas. Nos enseñaron a echar mercromina y retirarla con algodón, para terminar poniendo una tirita. ¿Cuánto de funcional tiene esto? Será desconocimiento o falta de habilidad, pero a mi siempre se me quedaba algodón dentro de la herida y dificultaba la cicatrización. Además, poniéndole una tirita hacía un flaco favor a la herida.

Cualquier herida necesita ser limpiada y desinfectada con agua oxigenada, aire y tiempo. Y tiempo. ¡Y más tiempo! Todos necesitamos limpiar nuestras heridas antes de cicatrizarlas. Y estará bien pensar el motivo de la herida, qué nos hizo caer, cómo nos afectó, qué consecuencias tuvo y qué voy a hacer para sanarla. Sin ello, el proceso de cicatrización se torna complicado o, como poco, incompleto. Y soplar. Y dejarse soplar. ¿Por qué creeis sino que desde siempre se dice eso de "soplar las heridas"? ¡Porque sanan con más facilidad! Ese gesto mágico no solo sirve para pedir deseos. También consuela. Cura. 

... y dejar que el tiempo se pose sobre ellas con su magnífico poder de cicatrización. 

Desconozco cuál será la composición del tiempo, sin embargo he comprobado que tras su paso, las heridas duelen menos. Nunca me gustaron los potingues que atiborraban a las heridas con tal de acelerar su cura. Ahora entiendo por qué. Todo tiene su proceso, y hacer de catalizador no es otra cosa que romper el curso natural de las cosas. Es cuestión de lavarla y dejarla al aire. Eso sí, poniendo especial cuidado en no exponerla en exceso, huyendo de parches o tiritas que, a la larga, solo consiguen evitar que salga la infección y la cura se haga indefinida.

Llegará el día en que salga una cicatriz. Y no por ello, hay que des-cuidar(se). Es probable que por un descuido se levante al rozarla con algún objeto. ¿No os ha pasado alguna vez cuando os hacéis una herida, que parece que todos los golpes van al mismo lugar? Del mismo modo, las heridas emocionales también se "despegan" al revivir algún momento que nos recuerde la causa de la herida. En concreto, este tipo de heridas parecen que tuvieran un proceso "evolutivo" diferente al nuestro. En lugar de tener olvidos como nos pasa con la cotidianeidad a medida que envejecemos, mejor se recuerdan cuanto mayor somos. En fin... Las heridas que no termina de curarse, duelen. Incluso, pueden despegarse y sangrar de nuevo. Es algo inevitable...

... pero cuando finalice el proceso, esas cicatrices, como un mapa, nos recordarán los caminos que hemos recorrido y los tropiezos que hemos salvado. La experiencia será el indicativo de nuestro propio umbral del dolor. Y cada vez éste será más alto... porque saldremos fortalecidos, y nos enfrentaremos los rasguños de otro modo. O eso quiero creer :)

Y eso somos. Aquí estamos. Con nuestras heridas de guerra, algunas más profundas que otras. Algunas más emocionales que físicas. Algunas más heridas que otras.

lunes, 12 de julio de 2010

¿Esperar?

"La confusión conduce siempre a la certeza, si uno sabe darse permiso para estar confuso durante un tiempo. No iba a ser fácil, por tanto, ponerse trampas a sí misma. Por incómodo que resultara, tendría que esperar."


No digo que no sea bueno esperar a quien se quiere, sin embargo, sería más sano no esperar... dejando hueco a la sorpresa de ver venir por el horizonte lo que tanto deseaba, pero ya no esperaba. Quizá esto ayude a no ser tan exigente con lo que viene hacia mí por el camino...

"... porque si espero la fanfarria con las banderolas blancas y los estandartes dorados, y llega con paso firme la caravana abanderada en verde y sin estandartes, corro el peligro de no reconocerla, de no darme cuenta de que el desfile viene hacia mí, de dejarlo pasar sin festejo, de vivir llorando porque no ha ocurrido, cuando en realidad, no he sabido distinguir que estaba ocurriendo."

martes, 6 de julio de 2010

¡Canta!


"No os preocupéis por el futuro. O preocuparos si queréis, pero sabiendo que eso ayuda lo mismo que masticar un chicle para resolver una ecuación matemática. Los verdaderos problemas de la vida seguramente serán cosas que ni se te habían pasado por la cabeza. De esas que te cogen por sorpresa a las cuatro de la tade un martes perezoso. Cada vez que te asustes haz una cosa: ¡CANTA!"

jueves, 1 de julio de 2010

What is love?


"... Y comprender que tal vez amar sea otra cosa. Es sentirse ligeros y libres. Es saber que no pretendes apropiarte del corazón del otro, que no es tuyo, que no te toca por contrato. Debes merecerlo cada día. Y se lo dices. Se lo dices a él. Y eres consciente de que hay respuestas que quizá deben cambiarse.
Es preciso partir para volver a encontrar el camino...

...puede que sea preciso viajar antes de saber cuál es la meta adecuada para nosotros. 

Quizá cada vez que amas sea la primera."
Federico Moccia.

martes, 29 de junio de 2010

Salir del círculo.


¿Para qué?... ¿Por qué? Quizá lo que haya que hacer es ampliar el área de la circunferencia. Está bien sentirse seguro. De hecho, es una necesidad fundamental a cubrir. ¿Qué hay de malo en tener un círculo o zona de seguridad?

Sin embargo, a veces dibujamos el circulo lo suficientemente pequeño como para ahogarnos y padecer claustrofobia.  Está claro que uno se maneja como pez en el agua cuando, con zapatos cómodos, anda por un camino que recorre todos los días. Rutina, que la llaman. Sin embargo, la consecución de estas rutinas a lo largo de los días instauran hábitos. Y aquí… “Houston, tenemos un problema”. Somos animales de costumbres y fácilmente predecibles desde que el primer homínido pobló la tierra. Y así seguimos. Y así seguiremos. Ley de vida. Ya que esto es algo inevitable (a la par que necesario), tenemos dos opciones: o resignarnos al tedio de vivir siempre lo mismo a pesar de que en muchas ocasiones vaya en detrimento de nuestros valores o sueños… o cambiar el momento. ¿Qué prefieres?

Espera. Antes de responder, ya sé la respuesta de unos cuantos. Absténganse, pues, a hacerlo masoquistas, miedosos, inseguros, perezosos, pesimistas… Oh, espera. En algún momento de nuestra vida, ¿Queda alguien fuera de la clasificación? Vaya… al final va a ser algo natural esto del miedo. Bien… somos humanos. ¡Y a Dios gracias! Si aún no te ha quedado claro, pellízcate la cara con fuerza. ¿Duele, eh?  Enhorabuena: Tú también estás vivo, y como tal, a veces tienes miedo. No temas… Es una emoción, y por tanto, algo INNATO Y NATURAL. ¿Por qué alardeamos la felicidad y enterramos el miedo? Qué tragedia, por favor… Si en el fondo la felicidad está sobreestimada. Y encima no hacemos que sea un estado permanente y obligatorio, sino una utopía... una quimera. Sin embargo me queda la duda… ¿Y el miedo por qué lo hacemos algo permanente y casi obligatorio? Fíjate que hasta creo que esa actitud forma parte de ese círculo de confort. ¡Que incongruencia! Nos da seguridad sentir miedo. Nos hace sentir vivos. Nos JUSTIFICA a la hora de tomar las riendas de nuestra vida. Ajám… parece ser lo socialmente aceptado, ya que es el patrón de conducta más común. Conozco a pocas personas que hayan tenido el valor de coger el timón y poner el rumbo ellos solitos. A éstos, se les tacha de “locos”… porque hacen lo que sienten.  Y se atreven.  Y lo hacen. Y se caen. Y se levantan. Y vuelven a volar. ¡¡¡¡Faltaría más!!!

A veces... las cosas son más sencillas. Todos pasamos situaciones en la vida que hacen que construyamos muros y nos cerremos solo a lo habitual, a lo que fácilmente manejamos o controlamos. De este modo, vamos construyendo una zona de seguridad que delimita nuestras acciones.  Y, en parte, está bien que sea así. Gracias a ello identificamos lo que nos limita, delimita y lo que no. ¿A tí qué te da miedo?

Creo que las palabras están sobrevaloradas. Y alrededor del miedo se ha generado una cultura que se torna pegajosa ante cualquier acción. Tenemos miedo de todo y a todo. Bien... como decía antes, es una señal de que estamos vivos. ¿Pero vivimos… o "nos vive" el miedo? Muchas veces es necesario sentir miedo, de este modo, no caminamos en modo -kamicaze- y evitamos algún que otro golpe evidente. Sin embargo, creo que estamos acostumbrados, por hábito, a tener al miedo delante de nosotros, a modo de señalización fluorescente, para que nos recuerde a cada decisión y a cada paso que “tenemos miedo a…” (complétese la frase con el miedo de cada uno).

Me gusta pensar que es útil llevar al miedo como compañero de viaje. Pero del mismo modo que el resto de las emociones. A mi lado. Identificado. Útil. Valioso. Yo le selecciono a él.  Y decido cuándo hacer pequeñas incursiones fuera del círculo.
No lo quiero detrás,
para que no me empuje fuera del círculo de seguridad a hacer cosas que no quiero hacer… ni delante para que no me deje salir del círculo y me impida ir detrás de mis objetivos. A mi ladito. Que dicen que al enemigo…cerca ;)

Haz todos los días algo que te de miedo.

¿Qué es lo peor que puede pasar? :)

domingo, 27 de junio de 2010

Dos universos... diferentes.


"No está mal. Dos mundos. Diferentes. Puntos de contacto... Cierra el documento y apaga el ordenador. Y, sin más, sin un motivo en especial, de repente siente que algo le crece dentro. Una nueva curiosidad. Una vaga excitación. La idea de sumergirse en otro universo. Una escapatoria a un pensamiento que hace tiempo le ronda por la cabeza. Y, al cabo de tanto tiempo, la muchacha sonríe.
Buenos días, mundo. Niki se despereza. ¿Me haces un regalo hoy? Me gustaría levantarme de la cama y encontrarme una rosa. Roja no. Blanca. Pura. Para escribir en ella como si fuese una página nueva. Una rosa dejada por alguien que piensa en mí y a quien todavía no conozco. Lo sé. Un contrasentido. Pero me hace sonreír. [...] Después, a última hora, arrancaría uno a uno los pétalos y, con un rotulador azul, escribiría letra a letra, una sola en cada pétalo, la frase de aquella canción tan bonita: "Entre los obstáculos del corazón hay un principio de alegría que me gustaría merecer...", y después tiraría los pétalos por la ventana. El viento se los llevaría. Podía ser que alguien los encontrase. Que volviese a ponerlas en orden. Que leyese la frase. Y que me viniese a buscar. Él quizá. Ya. Pero ¿quién es él?"

Federico Moccia.

martes, 22 de junio de 2010

Ser como río que fluye...


… Dejarse impregnar por la frescura del agua entre los dedos… y sentirla en el mismo momento que pasa. Y saber que está en constante movimiento, y pasa… y forma parte del torrente de la vida. Decía Heráclito que “nadie se baña dos veces en el mismo rio”. Y tiene razón. De hecho, si alguien se baña dos veces, es seguro que la persona no es la misma que se bañó la anterior vez. A veces la vida me recuerda a un río. Pasa, y no espera a nadie. O nadas en contra de la dirección de la corriente, o te diriges con el mismo rumbo que el resto de peces. Tanto una como otra, tiene su consecuencia.

Pero como en todo, siempre hay más opciones. Hace un tiempo que he decidido no bañarme en el río. Me he sentado en la piedra más cercana a la orilla dejando que se filtre el agua entre las yemas de mis dedos. Y observo la corriente pasar. ¡La cantidad de situaciones que puedo ver desde este punto de vista! Es una sensación tan placentera que me gustaría estar siempre así, sintiendo ese frescor en continuo movimiento… que fluye. Sin embargo, la vida se escapa como agua entre los dedos. El momento se diluye y se hace difícil almacenarlo entre las manos. Y pongo en duda si quisiera encerrarlos entre mis dedos, pues el agua cristalina y fresca, pasaría a ser agua estancada. Y todos sabemos lo que ocurre cuando paramos el fluir natural de las cosas. Entonces, siento una especie de nostalgia y echo de menos tener el impulso de tirarme de cabeza y disfrutar de ese fluir en primera persona, como el resto de los navegantes. No sé si me apetece mojarme. Podría resfriarme. Podría darme con una piedra porque no sé tirarme de cabeza. Nunca aprendí y ahora me da miedo. O podría tirarme en el momento menos adecuado, e interponerme en el curso natural del trayecto de alguien. Y los que me conocéis, sabéis que no sé nadar muy bien. Y podría ahogarme, y... y... Vaya… ¡esto no es propio de mi! :)

¿Cuándo es momento de ir tras el agua? O… ¿Realmente es necesario ir tras el agua? A veces los momentos se escapan para ser perseguidos y dar movimiento a tu vida. Para dar un sentido y un para qué. Otras, pasan delante de tus ojos como un regalo que desfila, con el fin de enseñarte algo, sin necesidad de perseguir el aprendizaje.

Siempre nos quedará coger el timón de nuestro barquito. Con remos, por favor. Me gusta pensar que el barquito son esos pensamientos más racionales… los convencionales que van a favor del torrente. Lo socialmente esperable, esperado o aceptado. ¿Qué haríamos pues sin remos, que nos apoyaran a canalizar la parte emocional que nos caracteriza, la que mueve la dirección de nuestro barquito? Los remos, pueden ser más largos, más cortos y ser del material que cada uno haya decido construir a lo largo de los años. Con ellos, vamos a poder darle un rumbo a nuestro barquito. Habrá piedras. Unas más grandes que otras. Y probablemente, se interpongan en nuestro camino. La habilidad para sortear obstáculos estará en el manejo de los remos. Por ello, en este caso, no por tener remos más grandes vamos a ser mejor navegantes. La longitud y grosor están en la capacidad de toma de conciencia del que las maneja. De este modo, sabrá cómo moverla o adaptarla a cada piedra, a cada corriente inesperada o a cualquier tormenta que cambie el rumbo.

Y estará bien perderse. A veces no somos consientes de que en muchas piedras, están los descubrimientos. Esos cambios de dirección inesperados nos pueden llevar a afluentes más cristalinos, que a pesar de percibirlos como oscuros, en el fondo… reflejan estrellas. Y un día, de repente, hay luna llena que ofrece un brillo especial entre la oscuridad de la noche. Y con suerte, se hace la calma y te asomas al río. Y ahí estás tú. Mi navegante preferida.

… y un buen día, HOY, decidí construirme un “barquito chiquitito” y ponerle velas en forma de alas. Y desde aquí, mojar mis pies, a mi ritmo. Igual lo conveniente es meterse en el agua de manera progresiva, y con paciencia, bañarse. Y ahora hago uso de los preciosos remos que elaboré de manera constante y sacrificada que han permanecido a mi lado para salvar los temporales. Y, aunque pasé años a la deriva, todas esas corrientes que alteraron el rumbo que creía que era el más acertado, me llevaron hasta donde me encuentro ahora. Y aunque hoy parece que está oscuro, he aprendido que todo aparece para algo. Así que me puse a contar las estrellas que se reflejaban en mi noche y a jugar al tres en raya en el agua… aunque siempre quedo en tablas con tu recuerdo. Sin embargo, cada noche, juego a colocar estrellas y mi oscuridad se hace más bonita. A veces, hasta intento atrapar esas estrellas que, fugaces, atraviesan mi cielo. Y así guardarlas en mi cajita de deseos. Poco a poco, conseguiré que mi Universo tome forma. La que YO decida. Y entonces, le pondré una Estrella Polar que marque el norte. Salpicaré de vez en cuando el cielo de estrellas fugaces para cerrar fuertemente los ojos y pedirte. Y una luna llena que me provea de luz esas noches en que me tumbo en mi barquito y dejo que el vaivén del agua meza los rasguños del día y calle el ruido.

“Si no ves más allá del horizonte, estaremos perdidos.”

Vivir la vida y aceptar el reto.
Porque cada día es un comienzo nuevo.
Porque esta es la hora y el mejor momento.

lunes, 21 de junio de 2010

Como agua para chocolate

"Mi abuela tenía una teoría muy interesante: decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos... necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela. En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. Ese fuego, en resumen, es su alimento. Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca." 
 

jueves, 3 de junio de 2010


- ¿Has conocido a muchas?


- Bueno, no sé… tampoco es que anden diciendo por ahí “Soy un hada, soy un hada”

- ¿Por qué no? ¿Tiene algo de malo?

- No, muchas chicas son hadas, pero no saben que lo son. La verdad es que todas pasan mucho tiempo sin saberlo. ¡Es que es un trabajo tremendo! Y cuando terminan se olvidan de todo, quedan amnésicas. Entonces para que empiecen otro hay que ayudarles. Hay que hacerles preguntas. Cosas como las que te preguntan todo el tiempo en el cole. A eso se llama educar a las hadas.

- ¿Educar a las hadas?

- Sí, claro, cuanto más aprendan mejor. Así recuerdan lo que tienen que hacer…

- ¡Bueno, déjalo! No te enrolles. ¿Sigue valiendo lo de rodear a un árbol para entrar en contacto con ellas?

- Sí, claro, eso es fundamental

- ¿Pero como se las reconoce?

- Por las cicatrices

- ¿Qué cicatrices?

- ¡Las de la cara! Tienen que pensar mucho para salir de la amnesia. Concentrarse. Y para eso se rascan las mejillas tanto, tanto, que se hacen heridas...