jueves, 29 de julio de 2010

La frase del día. De todos los días.

"Aquí tenéis. - saca unos vasos del otro bolsillo-. Disculpad que sean de plástico. En la vida no se puede tener de todo; sin embargo, es necesario aspirar a ello, porque la felicidad no es una meta, sino un estilo de vida."

Federico Moccia.




domingo, 25 de julio de 2010

De obstáculos y felicidad.

"Cuando se cansó de caminar, se apoyó contra un muro de ladrillo, que inesperadamente cedió a su espalda y se rompió en mil pedazos. Ariadna se levantó entre los restos de la brecha que había abierto en la pared, sin heridas ni magulladuras. Estaba tan sorprendida de hallarse al otro lado que tardó un rato en darse cuenta de que el explorado con el cazamariposas estaba a su espalda y la observaba con una sonrisa en los labios.

- Ésa ha sido una buena lección - dijo.
- ¿Qué lección? - preguntó ella irritada.
- Este viejo muro te ha enseñado algo muy importante para llegar al centro del Laberinto. La mayoría de obstáculos que encontramos en nuestro camino a la felicidad son imaginarios. Los creamos nosotros; es decir, son nuestros miedos.
- ¡Pero yo no he creado este muro! - protestó Ariadna.
- Éste no, pero sí otros - remarcó el explorador -. De otra manera no estarías aquí. Y ¿sabes por qué las personas nos creamos nuestros propios obstáculos? Yo te lo diré: porque nos da miedo llegar a los lugares que hemos soñado.
- ¿De verdad lo cree?
- ¡No lo dudes! Cumplir un sueño siempre da miedo, porque estamos acostumbrados a lidiar con las dificultades, pero no a recibir regalos de la vida. Por eso a menudo nos boicoteamos poniendo muros entre nosotros y lo que queremos conseguir.
- Parece razonable - dijo Ariadna, pensativa -. Por cierto, la otra vez me olvidé de preguntárselo: ¿Usted por qué está aquí? ¿En qué momento extravió el sentido de la vida?

El explorador se puso de cuclillas, fijó bien su monóculo y, apoyado en su mariposa, explicó con voz suave:
- Por qué estoy aquí no tiene importancia: lo único que cuenta es que busco la salida del Laberinto. Digamos que viajé muy lejos para encontrar algo que en realidad tenía muy cerca. ¿Lo entiendes?
- No del todo.
- Te lo explicaré con una historia que me contó un lama que conocí en un monasterio del Tíbet: Un hombre cumplió su sueño de viajar a la Luna, pero, durante el alunizaje, el cohete se averió sin remedio. Él siempre había deseado ir hasta allí, pero se encontró con que no podía regresar a la Tierra y le quedaba sólo oxígeno para tres días. En ese tiempo era imposible que pudieran mandarle otro cohete para recogerlo o traerle más oxígeno. El astronauta supo entonces, por primera vez en su vida, qué era exactamente lo que quería: volver a casa y estar en la Tierra para llevar allí una vida simple y feliz. ¡Tuvo que viajar hasta la Luna para valorar algo que tenía tan cerca!

Ariadna se quedó muy pensativa al oír esta historia, que el explorado concluyó así tras una pausa:
- Todos somos como este astronauta: vemos la felicidad en lo que está lejos, pero en realidad la tenemos mucho más cerca de lo que imaginamos.

Dicho esto, el explorador se fue campo través con su cazamariposas. Antes de que estuviera tan lejos que no pudieran oírse, Ariadna le gritó:
- ¿Y qué pasa con los obstáculos que no creamos nosotros, los que son reales?
- ¡A ésos yo no los llamo obstáculos, sino trampolines! ¡Sirven para ir a lugares a los que nunca habríamos llegado por nosotros mismos!"

El laberinto de la felicidad.

lunes, 19 de julio de 2010

... y soplar sobre las heridas.

Hoy, reflexionaba sobre las heridas. En concreto, sobre esas zancadillas del corazón a la vida. Y es que, queramos o no, forman parte de este camino. 

Todos tenemos heridas en lugares recónditos, como si de un mapa se tratase. Heridas superficiales, profundas, simples, infectadas, contusas, punzantes, cortantes, recién curadas...

... pueden tener muchas formas, lugares y causas. Lo que no difiere mucho unas de otras es el modo de sanarlas. Nos enseñaron a echar mercromina y retirarla con algodón, para terminar poniendo una tirita. ¿Cuánto de funcional tiene esto? Será desconocimiento o falta de habilidad, pero a mi siempre se me quedaba algodón dentro de la herida y dificultaba la cicatrización. Además, poniéndole una tirita hacía un flaco favor a la herida.

Cualquier herida necesita ser limpiada y desinfectada con agua oxigenada, aire y tiempo. Y tiempo. ¡Y más tiempo! Todos necesitamos limpiar nuestras heridas antes de cicatrizarlas. Y estará bien pensar el motivo de la herida, qué nos hizo caer, cómo nos afectó, qué consecuencias tuvo y qué voy a hacer para sanarla. Sin ello, el proceso de cicatrización se torna complicado o, como poco, incompleto. Y soplar. Y dejarse soplar. ¿Por qué creeis sino que desde siempre se dice eso de "soplar las heridas"? ¡Porque sanan con más facilidad! Ese gesto mágico no solo sirve para pedir deseos. También consuela. Cura. 

... y dejar que el tiempo se pose sobre ellas con su magnífico poder de cicatrización. 

Desconozco cuál será la composición del tiempo, sin embargo he comprobado que tras su paso, las heridas duelen menos. Nunca me gustaron los potingues que atiborraban a las heridas con tal de acelerar su cura. Ahora entiendo por qué. Todo tiene su proceso, y hacer de catalizador no es otra cosa que romper el curso natural de las cosas. Es cuestión de lavarla y dejarla al aire. Eso sí, poniendo especial cuidado en no exponerla en exceso, huyendo de parches o tiritas que, a la larga, solo consiguen evitar que salga la infección y la cura se haga indefinida.

Llegará el día en que salga una cicatriz. Y no por ello, hay que des-cuidar(se). Es probable que por un descuido se levante al rozarla con algún objeto. ¿No os ha pasado alguna vez cuando os hacéis una herida, que parece que todos los golpes van al mismo lugar? Del mismo modo, las heridas emocionales también se "despegan" al revivir algún momento que nos recuerde la causa de la herida. En concreto, este tipo de heridas parecen que tuvieran un proceso "evolutivo" diferente al nuestro. En lugar de tener olvidos como nos pasa con la cotidianeidad a medida que envejecemos, mejor se recuerdan cuanto mayor somos. En fin... Las heridas que no termina de curarse, duelen. Incluso, pueden despegarse y sangrar de nuevo. Es algo inevitable...

... pero cuando finalice el proceso, esas cicatrices, como un mapa, nos recordarán los caminos que hemos recorrido y los tropiezos que hemos salvado. La experiencia será el indicativo de nuestro propio umbral del dolor. Y cada vez éste será más alto... porque saldremos fortalecidos, y nos enfrentaremos los rasguños de otro modo. O eso quiero creer :)

Y eso somos. Aquí estamos. Con nuestras heridas de guerra, algunas más profundas que otras. Algunas más emocionales que físicas. Algunas más heridas que otras.

lunes, 12 de julio de 2010

¿Esperar?

"La confusión conduce siempre a la certeza, si uno sabe darse permiso para estar confuso durante un tiempo. No iba a ser fácil, por tanto, ponerse trampas a sí misma. Por incómodo que resultara, tendría que esperar."


No digo que no sea bueno esperar a quien se quiere, sin embargo, sería más sano no esperar... dejando hueco a la sorpresa de ver venir por el horizonte lo que tanto deseaba, pero ya no esperaba. Quizá esto ayude a no ser tan exigente con lo que viene hacia mí por el camino...

"... porque si espero la fanfarria con las banderolas blancas y los estandartes dorados, y llega con paso firme la caravana abanderada en verde y sin estandartes, corro el peligro de no reconocerla, de no darme cuenta de que el desfile viene hacia mí, de dejarlo pasar sin festejo, de vivir llorando porque no ha ocurrido, cuando en realidad, no he sabido distinguir que estaba ocurriendo."

martes, 6 de julio de 2010

¡Canta!


"No os preocupéis por el futuro. O preocuparos si queréis, pero sabiendo que eso ayuda lo mismo que masticar un chicle para resolver una ecuación matemática. Los verdaderos problemas de la vida seguramente serán cosas que ni se te habían pasado por la cabeza. De esas que te cogen por sorpresa a las cuatro de la tade un martes perezoso. Cada vez que te asustes haz una cosa: ¡CANTA!"

jueves, 1 de julio de 2010

What is love?


"... Y comprender que tal vez amar sea otra cosa. Es sentirse ligeros y libres. Es saber que no pretendes apropiarte del corazón del otro, que no es tuyo, que no te toca por contrato. Debes merecerlo cada día. Y se lo dices. Se lo dices a él. Y eres consciente de que hay respuestas que quizá deben cambiarse.
Es preciso partir para volver a encontrar el camino...

...puede que sea preciso viajar antes de saber cuál es la meta adecuada para nosotros. 

Quizá cada vez que amas sea la primera."
Federico Moccia.

martes, 29 de junio de 2010

Salir del círculo.


¿Para qué?... ¿Por qué? Quizá lo que haya que hacer es ampliar el área de la circunferencia. Está bien sentirse seguro. De hecho, es una necesidad fundamental a cubrir. ¿Qué hay de malo en tener un círculo o zona de seguridad?

Sin embargo, a veces dibujamos el circulo lo suficientemente pequeño como para ahogarnos y padecer claustrofobia.  Está claro que uno se maneja como pez en el agua cuando, con zapatos cómodos, anda por un camino que recorre todos los días. Rutina, que la llaman. Sin embargo, la consecución de estas rutinas a lo largo de los días instauran hábitos. Y aquí… “Houston, tenemos un problema”. Somos animales de costumbres y fácilmente predecibles desde que el primer homínido pobló la tierra. Y así seguimos. Y así seguiremos. Ley de vida. Ya que esto es algo inevitable (a la par que necesario), tenemos dos opciones: o resignarnos al tedio de vivir siempre lo mismo a pesar de que en muchas ocasiones vaya en detrimento de nuestros valores o sueños… o cambiar el momento. ¿Qué prefieres?

Espera. Antes de responder, ya sé la respuesta de unos cuantos. Absténganse, pues, a hacerlo masoquistas, miedosos, inseguros, perezosos, pesimistas… Oh, espera. En algún momento de nuestra vida, ¿Queda alguien fuera de la clasificación? Vaya… al final va a ser algo natural esto del miedo. Bien… somos humanos. ¡Y a Dios gracias! Si aún no te ha quedado claro, pellízcate la cara con fuerza. ¿Duele, eh?  Enhorabuena: Tú también estás vivo, y como tal, a veces tienes miedo. No temas… Es una emoción, y por tanto, algo INNATO Y NATURAL. ¿Por qué alardeamos la felicidad y enterramos el miedo? Qué tragedia, por favor… Si en el fondo la felicidad está sobreestimada. Y encima no hacemos que sea un estado permanente y obligatorio, sino una utopía... una quimera. Sin embargo me queda la duda… ¿Y el miedo por qué lo hacemos algo permanente y casi obligatorio? Fíjate que hasta creo que esa actitud forma parte de ese círculo de confort. ¡Que incongruencia! Nos da seguridad sentir miedo. Nos hace sentir vivos. Nos JUSTIFICA a la hora de tomar las riendas de nuestra vida. Ajám… parece ser lo socialmente aceptado, ya que es el patrón de conducta más común. Conozco a pocas personas que hayan tenido el valor de coger el timón y poner el rumbo ellos solitos. A éstos, se les tacha de “locos”… porque hacen lo que sienten.  Y se atreven.  Y lo hacen. Y se caen. Y se levantan. Y vuelven a volar. ¡¡¡¡Faltaría más!!!

A veces... las cosas son más sencillas. Todos pasamos situaciones en la vida que hacen que construyamos muros y nos cerremos solo a lo habitual, a lo que fácilmente manejamos o controlamos. De este modo, vamos construyendo una zona de seguridad que delimita nuestras acciones.  Y, en parte, está bien que sea así. Gracias a ello identificamos lo que nos limita, delimita y lo que no. ¿A tí qué te da miedo?

Creo que las palabras están sobrevaloradas. Y alrededor del miedo se ha generado una cultura que se torna pegajosa ante cualquier acción. Tenemos miedo de todo y a todo. Bien... como decía antes, es una señal de que estamos vivos. ¿Pero vivimos… o "nos vive" el miedo? Muchas veces es necesario sentir miedo, de este modo, no caminamos en modo -kamicaze- y evitamos algún que otro golpe evidente. Sin embargo, creo que estamos acostumbrados, por hábito, a tener al miedo delante de nosotros, a modo de señalización fluorescente, para que nos recuerde a cada decisión y a cada paso que “tenemos miedo a…” (complétese la frase con el miedo de cada uno).

Me gusta pensar que es útil llevar al miedo como compañero de viaje. Pero del mismo modo que el resto de las emociones. A mi lado. Identificado. Útil. Valioso. Yo le selecciono a él.  Y decido cuándo hacer pequeñas incursiones fuera del círculo.
No lo quiero detrás,
para que no me empuje fuera del círculo de seguridad a hacer cosas que no quiero hacer… ni delante para que no me deje salir del círculo y me impida ir detrás de mis objetivos. A mi ladito. Que dicen que al enemigo…cerca ;)

Haz todos los días algo que te de miedo.

¿Qué es lo peor que puede pasar? :)

domingo, 27 de junio de 2010

Dos universos... diferentes.


"No está mal. Dos mundos. Diferentes. Puntos de contacto... Cierra el documento y apaga el ordenador. Y, sin más, sin un motivo en especial, de repente siente que algo le crece dentro. Una nueva curiosidad. Una vaga excitación. La idea de sumergirse en otro universo. Una escapatoria a un pensamiento que hace tiempo le ronda por la cabeza. Y, al cabo de tanto tiempo, la muchacha sonríe.
Buenos días, mundo. Niki se despereza. ¿Me haces un regalo hoy? Me gustaría levantarme de la cama y encontrarme una rosa. Roja no. Blanca. Pura. Para escribir en ella como si fuese una página nueva. Una rosa dejada por alguien que piensa en mí y a quien todavía no conozco. Lo sé. Un contrasentido. Pero me hace sonreír. [...] Después, a última hora, arrancaría uno a uno los pétalos y, con un rotulador azul, escribiría letra a letra, una sola en cada pétalo, la frase de aquella canción tan bonita: "Entre los obstáculos del corazón hay un principio de alegría que me gustaría merecer...", y después tiraría los pétalos por la ventana. El viento se los llevaría. Podía ser que alguien los encontrase. Que volviese a ponerlas en orden. Que leyese la frase. Y que me viniese a buscar. Él quizá. Ya. Pero ¿quién es él?"

Federico Moccia.

martes, 22 de junio de 2010

Ser como río que fluye...


… Dejarse impregnar por la frescura del agua entre los dedos… y sentirla en el mismo momento que pasa. Y saber que está en constante movimiento, y pasa… y forma parte del torrente de la vida. Decía Heráclito que “nadie se baña dos veces en el mismo rio”. Y tiene razón. De hecho, si alguien se baña dos veces, es seguro que la persona no es la misma que se bañó la anterior vez. A veces la vida me recuerda a un río. Pasa, y no espera a nadie. O nadas en contra de la dirección de la corriente, o te diriges con el mismo rumbo que el resto de peces. Tanto una como otra, tiene su consecuencia.

Pero como en todo, siempre hay más opciones. Hace un tiempo que he decidido no bañarme en el río. Me he sentado en la piedra más cercana a la orilla dejando que se filtre el agua entre las yemas de mis dedos. Y observo la corriente pasar. ¡La cantidad de situaciones que puedo ver desde este punto de vista! Es una sensación tan placentera que me gustaría estar siempre así, sintiendo ese frescor en continuo movimiento… que fluye. Sin embargo, la vida se escapa como agua entre los dedos. El momento se diluye y se hace difícil almacenarlo entre las manos. Y pongo en duda si quisiera encerrarlos entre mis dedos, pues el agua cristalina y fresca, pasaría a ser agua estancada. Y todos sabemos lo que ocurre cuando paramos el fluir natural de las cosas. Entonces, siento una especie de nostalgia y echo de menos tener el impulso de tirarme de cabeza y disfrutar de ese fluir en primera persona, como el resto de los navegantes. No sé si me apetece mojarme. Podría resfriarme. Podría darme con una piedra porque no sé tirarme de cabeza. Nunca aprendí y ahora me da miedo. O podría tirarme en el momento menos adecuado, e interponerme en el curso natural del trayecto de alguien. Y los que me conocéis, sabéis que no sé nadar muy bien. Y podría ahogarme, y... y... Vaya… ¡esto no es propio de mi! :)

¿Cuándo es momento de ir tras el agua? O… ¿Realmente es necesario ir tras el agua? A veces los momentos se escapan para ser perseguidos y dar movimiento a tu vida. Para dar un sentido y un para qué. Otras, pasan delante de tus ojos como un regalo que desfila, con el fin de enseñarte algo, sin necesidad de perseguir el aprendizaje.

Siempre nos quedará coger el timón de nuestro barquito. Con remos, por favor. Me gusta pensar que el barquito son esos pensamientos más racionales… los convencionales que van a favor del torrente. Lo socialmente esperable, esperado o aceptado. ¿Qué haríamos pues sin remos, que nos apoyaran a canalizar la parte emocional que nos caracteriza, la que mueve la dirección de nuestro barquito? Los remos, pueden ser más largos, más cortos y ser del material que cada uno haya decido construir a lo largo de los años. Con ellos, vamos a poder darle un rumbo a nuestro barquito. Habrá piedras. Unas más grandes que otras. Y probablemente, se interpongan en nuestro camino. La habilidad para sortear obstáculos estará en el manejo de los remos. Por ello, en este caso, no por tener remos más grandes vamos a ser mejor navegantes. La longitud y grosor están en la capacidad de toma de conciencia del que las maneja. De este modo, sabrá cómo moverla o adaptarla a cada piedra, a cada corriente inesperada o a cualquier tormenta que cambie el rumbo.

Y estará bien perderse. A veces no somos consientes de que en muchas piedras, están los descubrimientos. Esos cambios de dirección inesperados nos pueden llevar a afluentes más cristalinos, que a pesar de percibirlos como oscuros, en el fondo… reflejan estrellas. Y un día, de repente, hay luna llena que ofrece un brillo especial entre la oscuridad de la noche. Y con suerte, se hace la calma y te asomas al río. Y ahí estás tú. Mi navegante preferida.

… y un buen día, HOY, decidí construirme un “barquito chiquitito” y ponerle velas en forma de alas. Y desde aquí, mojar mis pies, a mi ritmo. Igual lo conveniente es meterse en el agua de manera progresiva, y con paciencia, bañarse. Y ahora hago uso de los preciosos remos que elaboré de manera constante y sacrificada que han permanecido a mi lado para salvar los temporales. Y, aunque pasé años a la deriva, todas esas corrientes que alteraron el rumbo que creía que era el más acertado, me llevaron hasta donde me encuentro ahora. Y aunque hoy parece que está oscuro, he aprendido que todo aparece para algo. Así que me puse a contar las estrellas que se reflejaban en mi noche y a jugar al tres en raya en el agua… aunque siempre quedo en tablas con tu recuerdo. Sin embargo, cada noche, juego a colocar estrellas y mi oscuridad se hace más bonita. A veces, hasta intento atrapar esas estrellas que, fugaces, atraviesan mi cielo. Y así guardarlas en mi cajita de deseos. Poco a poco, conseguiré que mi Universo tome forma. La que YO decida. Y entonces, le pondré una Estrella Polar que marque el norte. Salpicaré de vez en cuando el cielo de estrellas fugaces para cerrar fuertemente los ojos y pedirte. Y una luna llena que me provea de luz esas noches en que me tumbo en mi barquito y dejo que el vaivén del agua meza los rasguños del día y calle el ruido.

“Si no ves más allá del horizonte, estaremos perdidos.”

Vivir la vida y aceptar el reto.
Porque cada día es un comienzo nuevo.
Porque esta es la hora y el mejor momento.

lunes, 21 de junio de 2010

Como agua para chocolate

"Mi abuela tenía una teoría muy interesante: decía que todos nacemos con una caja de fósforos adentro, pero que no podemos encenderlos solos... necesitamos la ayuda del oxígeno y una vela. En este caso el oxígeno, por ejemplo, vendría del aliento de la persona que amamos; la vela podría ser cualquier tipo de comida, música, caricia, palabra o sonido que engendre la explosión que encenderá uno de los fósforos. Por un momento, nos deslumbra una emoción intensa. Una tibieza placentera crece dentro de nosotros, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla. Cada persona tiene que descubrir qué disparará esas explosiones para poder vivir, puesto que la combustión que ocurre cuando uno de los fósforos se enciende es lo que nutre al alma. Ese fuego, en resumen, es su alimento. Si uno no averigua a tiempo qué cosa inicia esas explosiones, la caja de fósforos se humedece y ni uno solo de los fósforos se encenderá nunca." 
 

jueves, 3 de junio de 2010


- ¿Has conocido a muchas?


- Bueno, no sé… tampoco es que anden diciendo por ahí “Soy un hada, soy un hada”

- ¿Por qué no? ¿Tiene algo de malo?

- No, muchas chicas son hadas, pero no saben que lo son. La verdad es que todas pasan mucho tiempo sin saberlo. ¡Es que es un trabajo tremendo! Y cuando terminan se olvidan de todo, quedan amnésicas. Entonces para que empiecen otro hay que ayudarles. Hay que hacerles preguntas. Cosas como las que te preguntan todo el tiempo en el cole. A eso se llama educar a las hadas.

- ¿Educar a las hadas?

- Sí, claro, cuanto más aprendan mejor. Así recuerdan lo que tienen que hacer…

- ¡Bueno, déjalo! No te enrolles. ¿Sigue valiendo lo de rodear a un árbol para entrar en contacto con ellas?

- Sí, claro, eso es fundamental

- ¿Pero como se las reconoce?

- Por las cicatrices

- ¿Qué cicatrices?

- ¡Las de la cara! Tienen que pensar mucho para salir de la amnesia. Concentrarse. Y para eso se rascan las mejillas tanto, tanto, que se hacen heridas...

domingo, 16 de mayo de 2010

Carta del banco

Estimado cliente,

Por la presente, sepa que esta institución ha bloqueado su cuenta de caricias y besos. A partir del recibo de esta carta, cheques de afecto al portador que usted endose no serán atendidos en ninguna ventanilla de cuerpos ni de almas. Quedará sin efecto cualquier letra que se presente al cobro de unos labios.

También aprovechamos esta nota para comunicarle, y téngalo presente, que su hipoteca de amor está vencida y se le cobrarán los intereses de soledad que consta en el contrato.
Las inversiones que hicimos en la bolsa han fracasado, todas cuantas hicimos del hombre nuestro aval. Y hasta los versos, la poesía y los libros se han hundido al escribirlas con letras protestadas.
Lamentamos sin duda estas medidas, pero a partir de ahora, la sonrisa de un niño y la esperanza dejarán de cotizar en el mercado, y dejaremos con carácter inmediato de pagar los intereses por los sueños.

La situación ya se hacía insostenible. Estará usted de acuerdo en que inversiones como una noche de luna o una puesta de sol eran muy caras y no daban beneficios. Y no le digo nada si se hablaba de traer al Principito a que nos diera una conferencia de zorros y rosas. Por no hablarle a usted de lo que ha sido el empeño de algunos de inversiones en la paz de los hombres y el futuro.
Total... que tiene usted números rojos en su cuenta y en su propio corazón desesperado.

Sin embargo, no todo está perdido. Ponemos en su conocimiento que nuestros asesores aconsejan entrar en el mercado de los odios, de guerra y egoísmo, donde el crédito es prácticamente infinito y sin medida.

En fin...
Muy atentamente y siempre a su servicio.



Ismael Serrano.


miércoles, 5 de mayo de 2010

¿Qué quieres?

"En la vida de toda persona llega un momento en el que comienza una profunda transformación, una metamorfosis, una crisálida que comienza a desplegar las alas de la conciencia y de la magia que habita dentro de cada uno de nosotros, y que agurda silenciosa el momento de mostrarnos el sentido de nuestra existencia."
Eres libre para elegir. Para tomar tus propias decisiones de forma consciente. Y si algo no sale como esperabas... confía. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Al fin y al cabo solo se aprende a nadar, nadando; a caminar, caminando; a conducir, conduciendo...a vivir, viviendo. Caer está permitido... levantarse es una obligación. Levanta y vuelve a retomar el camino. Adelante, "el Universo conspira a tu favor" si lo deseas con la suficiente fuerza... Pero el primer paso lo pones tú. Confía... cada paso te llevará al siguiente. Uno detrás de otro sin olvidar que la realidad es relativa y guarda en sí misma muchas posibilidades paralelas... Juega con ella. Cámbiala. Defínela. Dale la forma que desees. Utiliza todo para avanzar. DESPIERTA. Toma conciencia. Si tienes la capacidad para imaginar, tienes la capacidad para materializarlo. Coge papel y lápiz. Apuesta alto...
¿Qué quieres?
"No existen finales, sino nuevos comienzos.
Tantos como quieras elegir.
"

lunes, 19 de abril de 2010

Casualidades. Causalidades. Coincidencias.

Los momentos y el tiempo en sí pueden ser breves o hacerse eternos, dependiendo de la emoción con la que se vivan… porque todo llega cuando toca, o cuando creamos las oportunidades para que eso sea así…

Encontrar, no es siempre sinónimo de permanencia. Pero la simple sensación de haber encontrado, hace que nos sintamos un poco más felices…

Casualidades. Causalidades. Coincidencias. ¿Cómo llamarlo? En mi vida he ido hilando una serie de situaciones que contenían en su interior una mágica razón por la que formar parte de mi. Puedo recordar muchas. Sin embargo, cuando escucho estas palabras siempre se me viene a la cabeza una de todas.

Había un motivo para todo ello. Y a día de hoy, sigo pensando que sois unos seres especiales a nivel individual y como conjunto. Con mucho que compartir, vivir y aportar-(me). GRACIAS por cruzaros en mi camino....y PERMANECER en él.

(weheartit.com)

A mis luces:
Mi coach preferida, Bruma.
Mi Sheldon peculiar, Kike.


lunes, 22 de marzo de 2010

¡Conductas "fashion"!

Hoy, como cada día, abrí el armario para elegir la ropa y cual fue mi sopresa al darme cuenta que la ropa me eligió a mi. Generalmente solemos estar delante del armario el tiempo suficiente como para hacer un barrido por toda la ropa (la versión femenina es: tooooooooda la ropa, jaja) y elegir en función del día que tengamos por delante. Últimamente no es mi caso. Tengo la extraña sensación de que es la ropa la que me elige a mi, y siempre me elige el mismo vestido: bonito, amable, agradable, sonriente, con un patrón a lo "Teresa de Calcuta" y un corte altruista que ni los mejores diseñadores de la alta costura. Tiene una caída que ni los trajes de Vitorio y Lucchino...¡qué elegancia! ¡qué porte! ¡qué bien le queda a todo el mundo que se lo prueba! ¡Deberían guardar como oro en paño sus patrones! (véase en la imagen lo bien que me sienta, ¡como para no ponérmelo si todo son beneficios!)...
...lo que en la tienda no me contaron es que los hilos de ese traje, terminan encogiendo y haciendo daño como si de un corsé se tratase. Es un traje que se presta a ser útil para todo aquel que lo necesite, pero lo que no me contaron al comprarlo es que termina desgastando las costuras del corazón y en los pliegues más ocultos de la tela se esconden las bastillas de la tristeza.

... Todos tenemos un armario de conductas. Ni todas son tan buenas, ni todas son tan malas. Simplemente, cada una sirve para algo. Y lo normal es elegir la que creemos adecuada para cada momento. El problema viene cuando la conducta nos elige a nosotros. Y son tan escurridizas que eligen los momentos menos adecuados. Lo más gracioso es que, como buenos animales de costumbre que somos, nos miramos al espejo y lo que al principio parecía incómodo, resulta que hasta nos vemos guapinos. ¿Y qué hacemos? Cada día al abrir el armario, por inercia, dejamos que sea esa chaqueta que no sirve para nada, esa conducta que sabemos que nos perjudica, la que decida por nosotros. Hay trajes de todo tipo, oiga! Los tenemos baratitos y de calidad (nótese el cambio de mi entonación al argentino, ché! como en el anuncio de Coca-Cola, ¿os acordáis?): los de fino hilo invisible para los tímidos, el negro para los callados, la XXL para los egocéntricos, el de princesita para las soñadoras, el de Patito Feo para los inseguros, el de Superman para los polifacéticos, el de Chiquito de la Calzada para los graciosos, el de Peter Pan para los inmaduros, el de Conde Drácula para los egoístas, el de Zorro para los chulitos, el de Muralla China para los que se protegen, el de espejos para los narcisistas, el de Hércules para los que aparentan ser fuertes, el de policía para lo que se mueven por reconocimiento, el de Cleeneex para los que se dejan utilizar, el látigo castigador para los masocas que "todo le sale mal", la toga de abogado para los eternos justicieros, el de Heidi para los que viven en los mundos de Yuppie, el de Señorita Rotenmeyer para los que siempre guardan las formas, el de Hermanita de la Caridad para los que ayudan a los demás a costa de sí mismos, el de extraterrestre para los que se califican como raritos, el pack Barbie+Ken para los que no ven más allá de la superficie, el transparente para los kamikazes... ¡Hallá cada uno con su armario! Lo curioso es que todos y cada de estos trajes nos sirven para algo. Lo peligroso es cuando se vuelven habituales y se adhieren de manera tan pegajosa, que permitimos que formen parte de nuestro "modelito diario".
A veces me pone triste pensar que cada uno de nosotros nos mostramos con un traje de una talla menos para cada situación. Una careta. UN LIMITANTE. Esa conducta aprendida que en algún momento nos ha dado algún beneficio y, a su vez, le hemos dado un uso poco util. Me entristece, a la vez que me parece curioso, ver cómo nos relacionamos cada día de "limitante" a "limitante", sin mostrarnos verdaderamente porque "me merece la pena", "así no me hacen daño", "me da pereza cambiar", "así estoy agusto", "¡¿y para qué?!", "¡tú qué sabrás!" o "ya tengo una edad que...". Me asombra darme cuenta en mí misma y en el entorno, cómo hemos aprendido algo desde hace tiempo y "como siempre se ha hecho así", "yo es que soy así" o "a mí me lo enseñaron así", no lo cuestionamos y seguimos actuando de la misma manera. Siguiendo con la metáfora de la ropa, me gusta pensar que esto es exactamente lo mismo que pasa con el "baby" que nos ponían de pequeños. Durante unos años fue muy útil, ya que evitó que nos mancháramos... ¡y hasta nos hacía graciosos! Tenía una función bien definida. Ahora párate a pensar un segundo y visualízate con la edad que tienes, llevando puesto ese "baby". Ridículo, ¿eh? Pues igual de ridículo es repetir los mismos patrones de comportamiento que no nos favorecen.
Del mismo modo que para una fiesta no nos ponemos chandal, y para hacer deporte no llevamos un vestido...

...¿Tiene sentido que llevemos ese "traje/conducta" en determinadas situaciones?


¿Y tú, eliges o te eligen cada mañana? ;)